martes, 3 de noviembre de 2009

La calidad de vida es la mayor pobreza de Venezuela

n la capital del país que avanza en la disminución de la pobreza hay que trabajar una hora y 26 minutos para comprar una hamburguesa Big Mac: Caracas. El promedio mundial, según un estudio del banco suizo UBS, es de 37 minutos.
En Buenos Aires con 57 minutos de trabajo, se puede pedir para comer aquí o para llevar. Con el salario mínimo más alto de la región se compran 195 tanques de gasolina. Claro, es un país petrolero. Ese mismo salario se queda corto, por un par de días, para almorzar durante un mes en un comedor del centro capitalino. Indicadores internacionales afirman que Venezuela avanza en la disminución de la pobreza. Pero eso no significa que el país sea más rico. Ni que se gaste menos. El problema del anclaje cambiario Para el economista Miguel Ángel Santos, la preocupación son las distorsiones del sistema económico: "Todo está distorsionado, tenemos cinco años con inflación y la tasa de cambio no se modifica".
¿Es este el origen de las diferencias ante las cifras oficiales y los resultados de las mediciones de organismos multilaterales? Santos dice que no: "Los estudios internacionales toman en cuenta que la tasa es artificial y generan una, que evalúa los ingresos contra el precio de la vida". Como él mismo afirma: "Las mediciones internacionales no caen en la trampa del 2,15". Retrato de ayer Entonces, que Venezuela haya salido favorecida en la evaluación del Índice de Desarrollo Humano (IDH), no es casualidad.
"El estudio fue a finales de 2007", recuerda Santos, "cuando el país registró el más alto de los ingresos". Para él, la ecuación es simple: "Si se recibe mucho dinero, gastas mucho dinero. Si mides la pobreza en términos de ingreso, tiene que haber mejorado". Fin de la discusión. Pero el debate no queda allí: "El punto es que se tuvo la capacidad para que las familias salieran de la pobreza de manera estructural, y no se hizo". Es decir, en medio del boom petrolero, la capacidad de consumo fue alta, pero no se pudo mantener: "Hay que tener una amortiguación para cuando caiga el ingreso", señala Santos. Pero nadie lo escuchó: "Al contrario, se destruyó el empleo privado".
El vaso medio vacío Al profesor de la Universidad Católica Andrés Bello y director del Proyecto Pobreza que impulsa esa institución, Luis Pedro España, no se le convence fácil. Cuando se le toca el tema del IDH, de inmediato replica que se trata de un estudio que mide algunas variables y no mide otras: "Es una abstracción de la realidad".
España argumenta que hay más gente que vive en casas precarias: "Sobre eso no hay cuentas, sobre a cuántas familias les falta el agua". Para él, es un indicador que no habla de los principales problemas sociales del país. Y enumera: "Los jóvenes no van a la escuela.
Hay deserción. La educación media no está masificada. Se han deteriorado los servicios a la vivienda. No tenemos la cantidad de viviendas necesarias para la cantidad de familias. Hay inseguridad. Las personas de la tercera edad no tienen atención en salud, más allá de la pensión". En su largo contar de tragedias nacionales, España suelta una máxima: "Somos más desarrollados cuando un país tiene mejor calidad de vida. Así que dejen la fiesta con los indicadores".
Ahí, se abandona el terreno de la macroeconomía para entrar al mundo de las percepciones. España piensa en la calidad de vida: "Es muy difícil plantear cualquier discusión". Donde antes no había nada La profesora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad del Zulia, Neritza Alvarado, afirma, sin embargo, que desde todo punto de vista "Venezuela no es la misma hoy que hace una década".
Sea como sea, "la acción pública social llega hoy día a todos los rincones de Venezuela". Y eso es un avance indiscutible.
"Antes era común ver un comité local de los partidos políticos (principalmente Acción Democrática y Copei) en los pueblos más carentes, intrincados y relegados del país", recuerda. "Hoy, en esos mismos pueblos vemos a un comité o módulo de Barrio Adentro o un espacio de la Misión Robinson, independientemente de la efectividad social o no de estos programas", añade Alvarado.
"Las mismas comunidades los procuran, los exigen y los gestionan". Y esa es ya una diferencia. La profesora admite dificultades en el camino: "Es cierto que aún hay muchas contradicciones y desequilibrios regionales", concede. "Todavía algunos indicadores dejan mucho que desear, pero es que también unos son más difíciles de intervenir que otros". Como ejemplo, Alvarado señala que es más difícil disminuir la mortalidad infantil que el analfabetismo, "y más en las zonas rurales que en las urbanas".
Planchar las arrugas Luis Pedro España insiste en su tesis:
"El problema que tenemos es que el Gobierno no es sincero, no le interesa aparecer feo en la foto. Si es verdad o mentira, lo importante es aparecer bonito".
Según él, "el Gobierno no acepta una sola arruga en el retrato". Lo que sí concede España es que efectivamente la población ha tenido más ingresos:
"Con ingresos puedes arreglar el piso de tu casa, pero no puedes resolver la escuela del vecindario, ni el problema de cloacas o la delincuencia". Aun con más ingresos, señala, la infraestructura urbana no ha mejorado. Alvarado concluye que sí, que la pobreza no es solo insuficiencia de ingresos:
"Es un fenómeno que tiene muchos otros componentes que no son medidos porque ni siquiera existen metodologías viables para ellos, en algunos casos". Para ella, la orientación de la intervención oficial en el país, en materia social, se dirige hacia el abatimiento de la exclusión:
"Y resulta que nosotros aún no tenemos metodología para estimar exclusión e inclusión social, para estimar bienestar, calidad de vida, equidad". Asi que el Presidente de la República puede decir que en 2019, su gestión "acabará con la pobreza", sin garantizar que el país tendrá mejores condiciones de vida.